Donde el corazón de una Madre reside, desde el que nacen todo tipo de historias reales, sueños, utopías…cualquier cosa puede encontrarse como en el famoso “bolso de Mary Poppins”. ¿Por qué reinventarnos a nosotras mismas? Mejor, ¡¡Reinventemos el Mundo!!. Cómo decía un antiguo matemático, “Dadme un punto de apoyo y moveré el Mundo”. Las Madres (y los padres “de verdad”) somos ese punto de apoyo, en nosotras reside hoy la responsabilidad de educar a los hombres y mujeres que crearán el mañana. En nuestras manos está la fuerza para poder empezar a reinventar el mundo, así nuestros niños y niñas vivirán en un mundo más solidario, sin injusticias, sin pobreza…Es verdad, todo esto suena a utopía, pero también el hombre pensaba que nunca podría volar junto a los pájaros y ahí están los aviones…

Sobre mi

Tras una semana de miedo, por no decir pánico, que has sentido cada día cuando suena el “estúpido” reloj a las 06:30 h, con ese pitido incesante y tu cuerpo sin apenas fuerzas para poder apagarlo y menos aún para poder levantarte tras la “noche Toledana” que has pasado, pero lo intentas, de verdad que lo intentas aunque el sueño, en medio segundo, vuelve a apoderarse de ti y… otra vez el pitido, ¡¡¡ya llegas Tarde!!!¡¡Arriba!! Como un resorte saltas de la cama con el corazón a mil, prisas, desayuno, bocata en mochila, babi, llantos, toses, quejas, sonrisas, zapato escondido, vómitos, alegría (poca a esas horas pero hay que intentarlo…), y en el portal te miras y notas que te falta algo, no llevas tu abrigo, justo ahora, que a esas horas intempestivas empieza a “refrescar”, toca volver, pero las miras a ellas y eso sí, ellas sí van preparadas,¡¡llegas más tarde todavía!!. ¡¡Victoria!!, por fin llegas al colegio, pero no, todavía no ha acabado tu Odisea Mañanera...

La verdad es que es estupendo viajar con niños en el coche, se entretienen muchísimo, disfrutan del paisaje, siempre y cuando el viaje no dure más de tres minutos, a partir de ese momento, de esos primeros tres minutos (si llegan…), comienza el caos. Después de tirarte cinco minutos/niño para lograr ponerle el cinturón de seguridad correctamente, ves que se le ha quedado el brazo derecho fuera del arnés de seguridad (¡todo un logro de escapismo!), así que llega la lucha cuerpo a cuerpo con el arnés para intentar colar el brazo por debajo sin tener que volver a empezar. Pasados los primeros “tres minutos” de viaje, el niño comienza a entrar en un bucle sin fin de quejas, lo cual tampoco es de extrañar ya que tiene que ser incomodísimo ir atado en tal posición, en ese momento, empiezan todo tipo de ocurrencias por parte del tripulante al que le ha tocado ir detrás tras perder a un cara o cruz frente al piloto. Así que lo mejor que has podido preparar para el viaje es...

El domingo 25 de octubre, a las 3.00 horas de la madrugada, las agujas retrocederán hasta las 2.00 horas. Así dará comienzo esta nueva temporada en la que los días serán más cortos (porque anochecerá antes) y, por tanto, la luz natural escaseará más. Uno de los colectivos que más lo notará será el infantil, cuyo reloj biológico puede tardar en ajustarse varios días e, incluso, una semana, tal y como explica el doctor Gonzalo Pin, coordinador del Grupo de Sueño de la Asociación Española de Pediatría (AEP).

Además de alteraciones en la vigilia del sueño,“el cambio de hora puede generar problemas de atención, irritabilidad, enfados, cansancio y desánimo, especialmente en las primeras horas escolares”, aclara el doctor Pin. Para contrarrestar estos efectos, desde la Asociación Española de Pediatría se recomienda “preparar a los niños unos días antes realizando una adaptación lenta y progresiva al nuevo horario”.

Y cómo sabemos que esto es un jaleo...

Tras una extenuante semana después del puente (¿Por qué se le llamará puente cuando quieren decir día de fiesta…? ¿Para tenernos más contentos pensando que es más de lo que es…?) llega el tan ansiado “San Viernes”. Te miras al espejo y esbozas una sonrisa de conquista, una vez más has conseguido superar la semana “gloriosamente”, y decides olvidar la carrera del miércoles con el cochecito y tu bebé de seis meses sentado en él con cara de velocidad y partiéndose de risa (no es de extrañar, tú también te reirías si vieras tal espectáculo…), esquivando charcos, personas y demás “obstáculos” consigues llegar al médico, exhausta, pero llegas con tan solo cinco minutos de retraso, ¡todo un logro!. Toca revisión médica, y,  según entras por la puerta, sin apenas poder pronunciar palabra por el carrerón que te has dado, pides una de pinchazo para la gordi y por favor, ¡una camilla para ti que no puedes ni con tu alma!, pero miras a la sala de espera  y no estás sola, a tu alrededor se agolpan...

Cada vez se oye más eso de la Inteligencia Emocional, de hecho en muchos colegios se está implantando como metodología dentro de las aulas. Muchas mamás nos preguntamos ¿qué es eso exactamente?  NO entendemos muy bien a que se refiere, ni para qué sirve verdaderamente, sabemos que está ahí y parece que está “de moda”, pero ¿funcionará? ¿Será útil para educar? ¿Ahí residirá la solución para que nuestros pequeños se coman las judías verdes sin protestar?¿para que en cinco minutos estén en la cama con todos sus juguetes recogidos? Ah y algo también muy  importante,¿ si con la inteligencia emocional conseguiremos llegar del parque a casa sin tener que ir haciendo un caminito de chuches cual flautista de Hamelin para poder llegar a una hora prudencial para el baño…? 

Pues ¡no!, así de primeras parece que no ¿verdad?, que todas estas cosas van por otro camino pero quizás tengan algo que ver, quizás...
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